36 años del asesinato de Lucio Cabañas Barrientos
Autor: Uriel Leal Ramírez*
Originalmente publicado en La Jornada Guerrero el 30 de noviembre de 2010, se reproduce ahora con consentimiento del autor.
El 2 de diciembre del presente año se cumplen 36 años de la muerte en combate de Lucio Cabañas Barrientos, por tal motivo se presentará en el auditorio de la Unidad Académica de Derecho-Acapulco (UAG) a las 11 a.m. el número 60 del Periódico Madera, creado en memoria del asalto al cuartel de Madera, Chihuahua el 23 de septiembre de 1965 que dirigió Arturo Gámiz, episodio que a nivel simbólico inauguró la lucha armada en contra del estado mexicano, hace 45 años.
Cabañas Barrientos nació en El Porvenir, municipio de Atoyac de Álvarez, Guerrero, el 15 de diciembre de 1939 en el seno de una familia campesina; estudió la carrera de maestro en la Normal de Ayotzinapan, dentro de una activa vida estudiantil, en el sindicato de maestros, en el movimiento magisterial, el Movimiento de Liberación Nacional, en la oposición política hacia los gobernadores: Raúl Caballero Aburto y Raymundo Abarca Alarcón. Creó el Partido de los Pobres como forma de organización estudiantil y campesina (PDLP). Asesinado por el ejército en 1974, encabezó uno de los movimientos guerrilleros más importantes en México durante los años sesenta y setenta.
El movimiento armado que encabezó, en la Sierra de Guerrero fue duramente criticado por el titular del Ejecutivo Federal, en aquellos años dirigido por Luis Echeverría Álvarez, quien junto al candidato del PRI a la gubernatura del Estado, Rubén Figueroa Figueroa, desplegaron a más de cinco mil elementos del ejército mexicano para capturarlo vivo o muerto. Como parte de la estrategia se empeñaron en catalogarlo como un vulgar “gavillero”, “maleante”, “secuestrador”, “asesino” en un intento de justificar la feroz persecución de que fue objeto y de negar la existencia de luchas armadas en el país; otros lo calificaron como el guerrillero sin esperanza, por otra parte para muchas personas, Cabañas al igual que Genero Vázquez Rojas, Villa y Zapata fue y sigue siendo una figura mítica, un héroe, que representa la utopía y el sueño revolucionario para crear una sociedad más justa.
En aquellos años la “Guerra Sucia” estaba en todo su apogeo en México. Pasados los acontecimientos del 2 de octubre de 1968 donde el régimen demostró toda su capacidad represiva contra un movimiento pacífico, el levantamiento armado empezó a tomar mayores adeptos, no sólo en la sierra guerrerense, sino también en el estado de Durango e incluso en la ciudad de Monterrey. La Liga Comunista 23 de Septiembre tuvo durante algún tiempo una relación con el PDLP, después de algunos años y por posturas estratégicas divergentes, las relaciones no tuvieron el éxito deseado. El 30 de mayo de 1974, la guerrilla secuestró al candidato a la gubernatura del estado de Guerrero, Rubén Figueroa Figueroa, a quien mantuvo cautivo durante más de tres meses, acción que fue condenada por el gobierno federal y que ocasionó un despliegue militar por la zona como nunca antes se ha visto en la historia de este país.
Al igual que en aquella época, Guerrero, sigue siendo una de las entidades más marginadas del país: caciquismo, abuso de autoridad, corrupción, crímenes, violaciones a los derechos humanos, pobreza extrema y profunda desigualdad social. Según datos de la Oficina del Alto Comisionado de la ONU para los Derechos Humanos, ocupa el cuarto lugar en agresiones y violaciones a defensores de derechos humanos. La Asociación de Familiares de Detenidos, Desaparecidos y Víctimas de Violaciones a Derechos Humanos en México (Afadem) registra más de 600 casos de desaparecidos por la Guerra Sucia que siguen sin esclarecerse. Recientemente la Comisión Interamericana de Derechos Humanos recomendó al Estado mexicano que investigue el paradero de Rosendo Radilla y entregue sus restos a sus familiares. Esta herida abierta viene a causar más daños por el acrecentamiento de la violencia que se vive en el estado ante la implantación de una estrategia de guerra permanente de baja intensidad, desde el fallido intento de aniquilar a la guerrilla con la muerte de Cabañas. La matanza de 17 campesinos en el vado de Aguas Blancas y El Charco se enmarcan dentro de esa estrategia, como consecuencia ha abonado el terreno para el resurgimiento de grupos insurgentes en la entidad: Ejército Popular Revolucionario (EPR) y Ejército Revolucionario del Pueblo Independiente (ERPI), son las respuestas.
* Coordinador del programa educativo de Derecho en la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad Autónoma de Guerrero
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