Con la privatización del 50% del agua en territorio mexicano se garantiza que cualquier empresa privada, nacional e internacional, pueda hacer uso del recurso del agua, lo cual es el fin primordial de las privatizaciones del sexenio del PRI: Hacer privados los recursos e instituciones públicas. Y mientras nadie en los debates mencionó al agua, los yaquis y los mazahuas parecen ser los únicos que comprenden las dimensiones de lo que está sucediendo en la actualidad.

Para poder concebir la magnitud de lo que esto representa, habremos de añadir un factor más a la ya evidente tragedia nacional: No sólo dejamos de poseer el 50% de nuestras aguas, sino que gran parte de ellas serán destinadas al fracking. He ahí la hecatombe por venir.

De ninguna manera puede ser aceptable que nuestras aguas dejen de ser un patrimonio nacional y sirvan a los intereses de otras potencias que, a través de gobiernos entreguistas alentados y alimentados por dichas potencias, se dedicas a ofrecer lo que no les pertenece, pero que, estúpidamente, poco les preocupa.

Para comprender las verdaderas implicaciones de lo que está por venir, es preciso que no pensemos sólo en la noticia desde la zona de confort del aquí y ahora, desde la cual se descarta a la gran mayoría de noticias de impacto profundo, como si el hecho de que aún no pasen significara que nunca sucederán. Así se dejan de lado éstas noticias hasta que sus consecuencias ya son tan visibles como irreversibles.

Es decir, hablemos de las consecuencias, no como un tipo de ciencia ficción alcanzable sólo en las mentes de artistas creadores de escenarios distópicos, sino en el entendido de que la realidad supera a la ficción más de lo que estamos listos para aceptar.

El fracking es una fractura hidráulica a las rocas de las capas profundas de nuestro planeta para la extracción de petróleo o gas shale. Para perforar éstas rocas, se inyecta a presión una gran cantidad de agua con químicos para garantizar la fractura. Al perforar, el agua se va contaminando aún más con los metales pesados y radioactivos de las capas perforadas, haciendo que esa agua sea IMPOSIBLE de poder ser descontaminada. El agua que es utilizada para el fracking permanece altamente contaminada sin posibilidad de ser reutilizada, y peor aún, el sistema de tuberías que utilizan para soltar el agua a presión no llega hasta las capas más profundas, provocando que el proceso del fracking pueda mezclar en la profundidad el agua contaminada con el agua de los mantos acuíferos del escaso 50% que nos quede después de la privatización del agua.

He ahí la crisis venidera, la del agua, el insumo básico… vital. No se puede decir que no haya ya una crisis al respecto, pero se puede incluso apostar porque las guerras venideras serán por el agua, así como la empresa Mekorot actúa sobre los territorios palestinos ocupados, en donde toma el agua para emplearla para la población israelí, provocando un “apartheid del agua” institucionalizado, que permiten, a través de las políticas israelíes sobre los asentamientos y el Muro, para darse vida dentro de una amplia, muy amplia gama, de violaciones a los derechos humanos.

Curiosamente, la empresa israelí Mekorot es una de las grandes impulsoras de la privatización del agua en México, con amplia influencia en Estados Unidos y como lo anunciaba el portal en.globes.co.il, Natan Eshel podría haber hecho un trato multimillonario con el trato entre Mekorot y la Comisión Nacional de Agua de México, a través de las negociaciones con David Korenfeld, sí, el de la Ley Korenfeld de agua, con la que se pretendía ya privatizar el agua desde antes de que Korenfeld fuera forzado a renunciar de la Conagua.

El hecho de que éstas negociaciones se den perjudicando al pueblo mexicano, es consecuencia de dejar que la estupidez, ineptitud e inconsciencia tomen el poder. Esas son las consecuencias también de que las decisiones que nos afectan directa o indirectamente sean tomadas a la ligera, y los responsables de esto son tanto los políticos corruptos y entreguistas, como la ciudadanía, apática, indiferente, desapegada de la política porque no les gusta o no la entienden, como dicen muchos a manera de pretexto, como si fuera una cuestión de gusto, o como su tuviera que ser entretenida la política, para que la “masa” le agarre interés, como si no fuera ya de por sí un incentivo para entenderla el hecho de que sus repercusiones afectan directamente la salud, educación, economía y rumbo de toda la nación y quienes le conforman. Sí, hemos sido siempre parte del problema.

Volvamos al tema de la ciencia ficción. La ciencia ficción contiene elementos esencialmente reales desde la actitud posible de nuevas sociedades o mundos, hasta el precipicio hacia los peores desenlaces de la humanidad, son todos posibles, basados en decisiones progresivas que van guiando las cosas a un cierto rumbo, como lo es en la vida misma y por ende, en la historia misma. En las películas o en los libros vemos escenarios distópicos en un futuro en el que el mundo ya tomó las decisiones equivocadas y se fue a la basura. Escenarios en donde hay luchas entre pueblos para entretener a la burguesía o aristocracia mientras los pueblos se mueren de hambre, inmersos en la opresión de la libertad (Los Juegos del Hambre). Escenarios en los que la sociedad está completamente controlada por pantallas que les vigilan y les dan noticias falsas con el fin de manipular las vidas sin sentido de quienes ahí habitan, haciendo que ellos mismos adopten el gusto de ver el castigo a quienes amenacen el “orden” (1984).

Escenarios también en los que la élite vive en un satélite artificial en donde hay una excelente calidad de aire, mientras que en la tierra se quedan los obreros que trabajan construyendo los mismos robots que los mantienen controlados en un planeta destruido, contaminado y ya no compartido con aquellos que tienen máquinas de regeneración con propósitos de salud y belleza y que los de abajo (en éste caso de manera literal) se mueran sin piedad de los de arriba, de cualquier clase de enfermedades (Elysium).

Así podríamos seguir hablando de escenarios de ciencia ficción, pero para llegar a ese punto ¿se han puesto a pensar qué tipo de eventos tuvieron que haber pasado en nuestro planeta para terminar viviendo lo que pareciera un capítulo de Black Mirror? La respuesta es que estamos en un momento crítico de la historia Universal, y si decidimos irnos por la vía de la inacción, y dejamos que todo se vaya a la basura, se irá irremediablemente a la basura, y nuestras peores pesadillas se harán realidad, y entonces, no será un escenario de ciencia ficción, sino la consecuencia de nuestra inacción representada en nuestro día a día, y de nuestras futuras generaciones. A partir de éstos tiempos se tomará el rumbo hacia el que nos dirigimos como humanidad y las políticas neoliberales, las guerras por el oro negro o el agua, la desesperación del G8 o el sionismo por mantener el control con sus petroleras, bancos y energéticas siguen marcando el rumbo a un turbio panorama. Es ahora o nunca. Es justo ahora cuando se tiene que actuar. Es ahora cuando la humanidad debe salir a flote e imponerse a unos cuántos, porque siempre han sido unos cuántos los que han guiado o cambiado la historia cuando la masa se limita a observar, amorfa y quieta, aunque sea su propia historia la que se está escribiendo y será esa masa la que tendrá que aprender a afrontar las consecuencias de no haberse involucrado a tiempo a su favor.

¿Cuál será el final posible de ésta película? ¿Acaso un impulso de conciencia recorrerá las fibras sociales para recordarles el poder que tienen y saldrá la sociedad de la zona de confort que busca héroes y mesías para achacarles las responsabilidades de lo que le compete a la humanidad misma como un todo?

El punto es que hoy estamos en el momento clave en el que de alguna manera toda la ciencia ficción parte. Estamos hablando de un escenario en el que países con un alto nivel de violencia por el narcotráfico es dejado a la deriva sin el acceso a su agua, con el alto riesgo de que sus recursos sean utilizados para beneficio de otras potencias a las que no les importan las consecuencias del fracking para servirse de recursos para alimentar a sus propios ciudadanos, mientras hay enfermedades y muerte en los países en los que se contamina la poca agua que queda, porque el mundo está entrando a una etapa de una tendencia de depopulación masiva e intencionada desde los grupos de poder como el G8. Un país que sucumbe ante la evidente intención de hacer que sucumba para ser despojado con una invasión silenciosa por los mismos que en oriente medio invaden estridentemente otros territorios con segregación y racismo. La supremacía pretendida por los nacionalistas, o de igual manera por los sionistas están dejando huella, mientras la masa se regodea en el absurdo.

Esas películas que vimos en el cine o por otro medio, o ese libro que pensamos que era “una buena historia” necesitaron de un tiempo como el nuestro para que las políticas aplicadas, las leyes marciales, la hegemonía, el dominio de las economías mundiales, la influencia geopolítica a favor de unas cuántas naciones supremacistas, la inserción de ideologías para fracturar a los sectores bajos de las escalas sociales y las luchas por territorios y sus recursos naturales, son el preámbulo perfecto para una realidad próxima, una realidad venidera para quienes vimos a la historia pasar por enfrente y decidimos no actuar con fuerza para impedir la tragedia, la hecatombe. De la realidad del rumbo que están tomando las cosas en el mundo ahora, a la ciencia ficción no queda mucho tiempo.